Cartaya de colores

600 🤲🏼 y 300 ❤️ estuvieron todo el invierno 2020 – 2021 tejiendo 1000 aros de crochet para que el centro de Cartaya luzca así de espectacular. Al igual que en otras ciudades del mundo, se pusieron de moda los paraguas de colores para combatir el calor y dar color, en mi pueblo se lanzó la idea de tejer, tejer y tejer, matando en equipo las largas horas de confinamiento; olvidando la pesadilla pandémica durante las horas de labor. Al principio, la asociación de amas de casa Reina Sofía fue la encargada del trabajo, pero pronto se desató tooooooooodo un afán de colaboración. La mano de obra la pusieron principalmente mujeres, que iban retirando el material de las merecerías locales y el Centro Cultural de la Villa, pagando el Ayuntamiento. Una ayuda al comercio local.

Desde primavera, este impresionante toldo artesanal cubre la Plaza Redonda. Obviamente, el sol de lleno le ha ido robando intensidad. Pero la ilusión y el disfrute durante muchos meses ha sido tal, que estoy casi seguro de que el año que viene repetiremos. Y, si no fuera así, algo bonito se nos ocurrirá para Cartaya 😉

Fotografías de autor. No usar sin el debido consentimiento. Si quieres hacerlo, o incluso quieres tener copias de alguna/s de ellas, no dudes en contactar conmigo.

Ermita de La Blanca

Villablanca se fundó en 1531 dentro del marquesado de Ayamonte como “Puebla de La Blanca”, sobre el sitio llamado “La Corte del Capitán”, a unos 15 kilómetros de la costa onubense. Pero no surgió de la nada, pues desde hacía más de un siglo, ya existía la Ermita de La Blanca sobre su otero más elevado, desde donde se ve el mar en días claros. Aquel primer templo, de corte mudéjar, fue también impulsado por la misma casa de Ayamonte, que a finales del siglo XIV aún ostentaba el rango de condado.

Son comunes las leyendas de apariciones en la Baja Andalucía, que con frecuencia narran hechos acaecidos tras la Reconquista. La mayoría siguen una estructura similar, pues fueron redactadas y divulgadas oralmente cuando Facebook e Instagram ni se imaginaban (casi todas durante el siglo XVIII). Para darle a la población razones de existencia, así como carácter divino, a La Blanca también se la dotó de la suya.

Se narra que un pastor que merodeaba por el lugar, encontró una paloma blanca en la rama de un olivo. Le llamó tanto la atención, que decidió llevarla consigo al vecino pueblo de Lepe. Pero el ave se le escapó, y volvió al árbol. Cuando el pastor volvió a por ella, lo que encontró esta segunda vez fue una talla de Santa María. Esta narración justifica la edificación de la ermita justo en el lugar del hipotético olivo, y el culto en ella de la Virgen de La Blanca (en alusión a la “Blanca Paloma”).

El acontecimiento más destacado para los villablanqueros es la fiesta patronal que celebran el último domingo de agosto. Sacan en procesión a su Patrona por las inmediaciones de la ermita, y la acompañan con una peculiar danza conocida como “de los palos”. Es ésta otra de las aparentes singularidades del municipio, pero que encuentra su razón en un ámbito mayor que abarca a otros muchos enclaves onubenses. Se trata de las danzas tradicionales del Andévalo, un grupo de danzas de alto valor antropológico que surgió en esta comarca de Andalucía a raíz de los programas de repoblación efectuados tras la expulsión del islam. Se concedieron tierras a familias del norte de la península, que se mudaron a estos lares trayendo consigo costumbres y culturas lejanas, incluso de origen celta. Al llegar tales hábitos aquí, se mezclan con los locales, y se produce un fascinante crisol que da como resultado una llamativa tradición que tan de Huelva es, pero que tan eclipsada queda de cara al exterior por las flamencas, mucho más mediáticas. Las danzas del Andévalo varían sus elementos entre pueblos. En Sanlúcar de Guadiana portan flores, En El Almendro y Castillejos castañuelas, en San Bartolomé de la Torre espadas, en Alosno cascabeles, … y en Villablanca palos; amén de otras.

Pero esta cita veraniega no es la única que se da en la Ermita de La Blanca. También se celebra aquí la romería en mayo, aunque ésta aún carece de raíces profundas, pues surge durante los años 60 del XX como otras muchas romerías a lo largo de la provincia de Huelva. Y, si venimos en una fecha anterior, el Domingo de Resurrección, podemos ver familias pasando un agradable día de campo en torno a otro de los símbolos comunes del Andévalo aunque en cada pueblo se lo llame diferente; aquí: el “bollopico”. Se trata de una rosca de pan jalonada de hendiduras, aromatizada con especias. Tan destacado es para la cultura local, que ese domingo no se conoce aquí como “Domingo de Resurrección o de Pascua” tanto como “Domingo de Bollopico”. Bollopico, romería, o La Blanca; ven cuando quieras. Este cabezo es una maravilla en cualquier momento.

Material de autor. No usar sin mi permiso.

COMUNIONES 2021

Como ya habrás comprobado (o comprobarás) al ver mis galerías, mi estilo fotográfico es muy personal. Por tanto, entiendo que si te decides a entregarme tu confianza, será porque te gusta la forma en que retrato. Eso es lo primero, pues cada fotógrafo tiene su particular hacer. Cada uno de nosotros creamos el recuerdo gráfico de vuestro príncipe o princesa en su primera comunión, de una forma diferente, particular. ¿Aún no has visto nada? ¡Vaya!, echa un ojo aquí:

¿Te gusta lo que ves? ¡Fantástico! Ahora bien… ¿cómo procedemos? Pues, con la antelación que nos permitan las agendas, quedaríamos una tarde o una mañana para realizar la sesión en exteriores y/o interiores. Durante los días siguientes, en cuanto yo tenga editado el reportaje, te entregaré lo que en fotografía se llama «hoja de contacto» (las miniaturas) para que seleccionéis vuestras fotografías favoritas y darles salida física en la forma que prefiráis (habitualmente álbum). Luego montaré ese trabajo material bajo las recomendaciones / propuestas que os haría en su momento. Podemos hacer álbum, recordatorios, ampliaciones, etc.

Contacta conmigo y te explico más al detalle. Puedes hacerlo por teléfono (665677794) o por correo electrónico (alvantonioartística@gmail.com)

Salinas de Isla Cristina

Las marismas de Isla Cristina están protegidas mediante la figura de paraje natural desde 1984. Suman más de 2.000 Ha. de humedal que se extienden por los términos municipales de Isla Cristina y Ayamonte, al oeste de la costa onubense. Desde época romana han sido aprovechadas para la obtención de sal, en tanto que el cloruro sódico (vamos, la sal común o de mesa) fue el principal conservador de alimentos hasta la irrupción de las tecnologías modernas. Los 50 del XX fue su última época de gloria; pero ya van decayendo. Total, para qué salar si hay cámaras frigoríficas, ¿verdad?

Afortunadamente, en Isla hay aún activas explotaciones tanto industriales como artesanales. El principio básico de ambas es el mismo: llenar balsas de escasa profundidad con agua de mar, contando con la ayuda de las corrientes y mareas atlánticas, para que el fuerte sol de verano las evapore y reste la sal, que luego será recogida manualmente o con maquinaria (según el tipo de explotación). Es fácil de deducir, por tanto, que la producción se ajusta a los meses cálidos y secos.

Se podría pensar que las altas concentraciones de sal imposibilitan la vida en este espacio, cual si de un mar muerte se tratase. No obstante, se trata de un rico ecosistema al que entran las especies acuáticas marinas, y frecuentado por unas 140 especies de aves de entre las que destacan las gaviotas, las espátulas y los flamencos rosas, por nombrar algunas. Por cierto, que los flamencos adquieren su característica pigmentación gracias a su plato favorito, que encuentran aquí en abundancia: la artemia salina. ¡Millones (¿o más?) de diminutos crustáceos que tiñen de naranja el agua!

Ah, y que no se nos olvide el toque verde: una interesantísima vegetación marismeña basada en plantas halófilas (“tolerantes / amigas de la sal”) como la salicornia, el salado, la espartina…

Un subproducto generado en las salinas es el aceite de magnesio. El magnesio es el tercer elemento químico más abundante en el agua de mar, y que tras la evaporación queda en forma aceitosa. Es muy apreciado en talasoterapia (“terapia de mar”) por sus beneficios para la salud. De entre las fotografías con las que ilustro este texto, las de detalles las tomé en aguas púrpuras con una altísima concentración de magnesio; tanta que al tacto es puro aceite.

Fotografías y texto de autor. No uses este material sin mi permiso, está protegido. Si quieres algunas de las imágenes, no dudes en pedírmelas.

Nao Victoria

En 1519, el explorador portugués Fernando de Magallanes y el vasco Juan Sebastián Elcano se encontraron en Sevilla, la ciudad que entonces manejaba el monopolio de las Indias. Le ofrecieron al rey Carlos I la culminación del proyecto que Cristóbal Colón, sin saberlo, no llegó a completar: llegar a Oriente por Occidente. Cruzar ahora el nuevo continente americano, pasar de océano a océano, y cerrar por fin la ruta.

La corona castellana financió la empresa, y partieron del puerto hispalense el 10 de agosto con una flota conocida como la Armada de la Especiería, entre cuyas naves se encontraba la Nao Victoria. Ésta fue bautizada así en tributo al hoy desaparecido Convento de Ntra. Sra. de la Victoria, por entonces sito en Triana y al que se encomendaban por costumbre aquéllos que desde Sevilla hacían la carrera de Indias. De hecho, Magallanes y ElCano incluso juraron lealtad al rey en aquel templo franciscano.

Aquella empresa logró la primera vuelta al mundo en barco, después de conseguir el paso entre mares por un estrecho situado en el extremo sur de Chile, y que en adelante llevaría el nombre de Fernando de Magallanes. No obstante, no regresó a puerto la armada completa, y ni siquiera el portugués lo hizo, debido a un duro enfrentamiento con la tribu Lapu-Lapu en las Filipinas. Fue ElCano, al mando de la Nao Victoria, quien fortuitamente se colgó la medalla de la primera vuelta al mundo en barco. Puerto de Sevilla, 8 de septiembre de 1522, Día de la Natividad de Santa María.

Obviamente, aquella mítica embarcación no existe hoy. Sí existen, eso sí, varias réplicas. La última de ellas es la que ha visitado Ayamonte (Huelva) en septiembre de 2020, a cuya partida rumbo a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) corresponden las fotografías que acompañan este artículo, y que tomé el día 22 mientras la nave bajaba el río Guadiana y se adentraba en el Atlántico. Esta embarcación fue construida en los astilleros de Punta Umbría (Huelva) de cara a la celebración del quinto centenario de aquella primera circunnavegación. Es un extensión del Museo Naval Torre del Oro, de Sevilla; una pieza que cobra vida para ir de puerto en puerto añadiendo valor a otra de las grandes hazañas castellanas en materia de ultramar.

Fotografías y texto de autor. No uses este material sin mi permiso, está protegido. Si quieres algunas de las imágenes, no dudes en pedírmelas.

Romería de San Isidro Labrador, Cartaya

Los primeros años de la sexta década del XX fueron secos. Cartaya es tradicionalmente agrícola; antes mayormente de secano, hoy de regadío. Los agricultores, por tanto, vertebran la sociedad local. Ante la falta de lluvia, imploraron al patrón del gremio, el madrileño San Isidro Labrador, quien pareció oír el lamento y mandó el agua. Para celebrarlo, Cartaya organizó una primera romería en su honor en 1964, repetida desde entonces cada final de mayo en un pinar erróneamente llamado Pradera de San Isidro. Tomé las fotografías que acompaño en 2019, durante la ofrenda de flores en el pueblo (jueves tarde y noche) y el camino de ida a la Pradera (viernes tarde). Trabajo realizado para Enfoke Fotografía.

Dryness marked the early 60’s in Western Andalusia. A big quantity of villages over here are traditionally agriculturist, so they depend on rain for surviving. One of them is Cartaya, whose inhabitants prayed to the Spanish Protector of Agriculture, St. Isidro ‘The Tiller’, for demanding him a weather change. And it rained! In tribute to this saint and his ‘miracle’, Cartaya decided to celebrate a pilgrimage every month of May from the village to a near pine grove. I took these pictures during the edition of 2019. Sadly, Cartaya could not celebrate this friendly event in 2020 due to coronavirus.

 

Material de autor. Todos los derechos reservados. Si deseas hacer uso de ellas, e incluso poseer alguna (digital o papel), no dudes en contactar conmigo.

Cádiz. Domingo de Piñata

El carnaval no termina el miércoles de ceniza, no; termina el domingo de piñata. Si no, que se lo pregunten a aquellas ciudades o territorios donde las carnestolendas son fiestas bien potentes. Como el caso de Cádiz, por ejemplo; la capital provincial más meridional de España.

Se cree que el carnaval (o sus primeros acercamientos al concepto actual) llegó a tierra gaditana durante el Renacimiento, recién superado el medievo que adaptó al Cristianismo viejas tradiciones paganas. Durante aquel siglo XVI, Cádiz contaba con uno de los puertos más importanes del imperio español, y por consiguiente, con una población proveniente de variopintos y dispares lugares, que se estableció aquí para vivir de actividades comerciales. Es muy probable que la colonia italiana (Génova, Venecia…) trajera consigo el Carnaval, y que éste evolucionase a lo largo de varios siglos hasta llegar a la forma local actual. Forma que, además, lo hace ser uno de los más importantes de España.

Una de las costumbres traídas por los italianos fue la rotura de piñatas el primer domingo de Cuaresma. El juego de la piñata en sí proviene de Oriente, y cuando llegó a Italia en el s. XII, la Iglesia lo cristianizó dándole un curioso concepto: rotura del mal (la piñata) mediante la virtud (el palo). Se jugaba el primer domingo del tiempo cuaremal, que, estando tan cerquita del recién celebrado miércoles de ceniza, era aprovechado por los más cansinos y jartibles de la sátira para tener una propinilla extra de alegría antes del triste retiro que la Iglesia imponía para los siguientes 40 días. De este modo se produce el gracioso solapamiento de dos fiestas tan antagónicas.

Hoy, lejos de que se rompan piñatas, las agrupaciones gaditanas salen a la calle para cantar en cualquier plaza, calle, soportal… ¡donde sea! Las siguientes fotografías las tomé en los domingos de piñata de 2017 y 2020. Son sólo unos pocos botones de muestra de una fiesta que aglutina a miles de personas, miles de sonrisas, miles de carcajadas. Hay que ir; simple y llanamente 😉

El pase de diapositivas requiere JavaScript.